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Alcanzar la plenitud sexual

Para alcanzar la plenitud sexual es indispensable conocer nuestro cuerpo, nuestras zonas erógenas, sensaciones y emociones. Diferenciar lo que es placentero y lo que no. Para lograrlo, tenemos que descubrirnos, investigarnos, recorrer cada rincón de nuestro cuerpo para poder descifrarlo. No deben existir límites en ese reconocimiento.

Desde nuestro nacimiento somos seres sexuales. Nuestro cuerpo y nuestra mente son una fuente inacabable de sensaciones. No se puede reducir la sexualidad a la genitalidad, es mucho más rica y a lo largo de nuestra vida va tomando distintos matices.

Si consideramos el termino sexualidad como un sinónimo de sexo acotamos sus posibilidades de desarrollo. Si bien están estrechamente relacionados porque en todo acto sexual esta presente la sexualidad no siempre la sexualidad tiene que ir acompañada del sexo entendido como coito.

Para alcanzar la plenitud sexual es indispensable conocer nuestro cuerpo, nuestras zonas erógenas, sensaciones y emociones. Diferenciar lo que es placentero y lo que no. Para lograrlo, tenemos que descubrirnos, investigarnos, recorrer cada rincón de nuestro cuerpo para poder descifrarlo. No deben existir límites en ese reconocimiento.

Cuando logramos conocernos a nosotros mismos estamos preparados para conocer a otro con quien compartir nuestra sexualidad y alcanzar la plenitud tan deseada.

Sin embargo, esa plenitud no es constante ni permanente, se va modificando adquiriendo distintas características y distintos niveles. Lo que nos satisface en un momento puede no ser placentero en otro. Es justamente en ese devenir constante y en ese juego de placer y displacer donde se construye la sexualidad.

Es fundamental tener siempre presente que cada sujeto elige: cómo, cuándo y con quién quiere mantener un encuentro sexual. Ninguna relación impuesta puede favorecer la construcción de una sexualidad positiva.

Cada encuentro sexual satisfactorio con nosotros mismos o con un otro posibilita un desarrollo personal productivo. Alimenta nuestra mente y nuestra alma y nos permite evolucionar emocionalmente enriqueciendo nuestra vida.

La comunicación es la base necesaria para conocernos y conocer a los otros. La comunicación tiene que ser fluida dejando de lado la vergüenza y expresando verbal y físicamente todo lo que sentimos y deseamos, lo que nos agrada y lo que nos desagrada.

Cuando el conocimiento que tenemos de nosotros mismos es profundo los vínculos eróticos que establecemos con otros sujetos son vínculos sanos que favorecen el intercambio y el crecimiento personal de ambos integrantes de la pareja.

Sin embargo, nada en la vida es idílico. Las dificultades están presentes en todos los vínculos que establecemos. Dichas dificultades no tienen porque ser obstáculos, por el contrario, pueden transformarse en posibilitadoras de aprendizajes. Si los vínculos son comunicativos las dificultades pueden ayudarnos a cambiar aquello que nos causa displacer, a conocer nuestras necesidades y las del otro, y aprender fundamentalmente que las diferencias en vez de empobrecer las relaciones pueden enriquecerlas. Cuanto más conozcamos al otro y a nosotros mismos, más fácil será encontrar esos momentos de plenitud, llenos de goces y satisfacción.

Los momentos de plenitud dependen en primer lugar de nosotros y luego de los sujetos con quienes establecemos nuestras relaciones eróticas. Primero debemos descubrir nuestra geografía para luego ampliar nuestros horizontes, descubriendo el cuerpo del otro que nos acompaña en el devenir constante de la sexualidad.

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