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Liberarnos de las ataduras emocionales para alcanzar la autonomía

Para definirnos como sujetos libres es necesario transitar un camino que nos permita alcanzar la Autodependencia. Una persona “Autodependiente” es aquella que depende de sí mismo para alcanzar sus objetivos, liberándose de la necesidad de aprobación de los demás.

Nos consideramos libres cuando podemos movernos físicamente de un lugar a otro, sin limitaciones, cuando podemos dar nuestras opiniones o cuando podemos decidir sobre nuestro futuro. Sin embargo, para definirnos como sujetos libres es necesario transitar un camino que nos permita alcanzar la Autodependencia. Una persona “Autodependiente” es aquella que depende de sí mismo para alcanzar sus objetivos, liberándose de la necesidad de aprobación de los demás.

En los primeros años de vida carecemos de autonomía, somos seres totalmente dependientes porque necesitamos a un “otro” que nos alimenta, cobija, protege y satisface. A medida que pasan los años somos cada vez más autosuficientes y vamos adquiriendo paulatinamente las habilidades indispensables para transformarnos en personas independientes.

Las condiciones que debe cumplir un sujeto para ser definido como un “ser libre” son múltiples. Culturalmente, el termino libertad puede ser interpretado de diferentes maneras. Generalmente creemos que para que un sujeto se sienta libre tiene que ser escuchado, respetado y valorado por los demás, olvidando que de nada sirve el reconocimiento de quienes nos rodean si antes no podemos reconocernos nosotros mismos como personas válidas.

Enfatizar la idea de convertirnos en el centro de nuestra vida no implica olvidar la importancia de quienes nos rodean, pero sí el comprender que para poder crecer emocionalmente y disfrutar de nuestro entorno primero tenemos que cuidarnos, querernos y respetar cada uno de nuestros anhelos.

Un “mirar hacia adentro” es uno de los ejercicios que nos permitirá encontrar eso que nos hace libres y felices. Rescatar nuestra esencia para transformarla en la herramienta que nos permita avanzar hacia la libertad emocional. Libertad que nos permitirá elegir dónde, cuándo y con quién queremos compartir nuestra vida.

Muchas veces compartimos el tiempo con personas que nada aportan a nuestra vida, que nos quitan energía, nos demandan atención, amor y contención sin darnos nada a cambio. ¿Por qué regalamos nuestro tiempo?. Quizás porque lo valoramos poco, porque creemos que somos eternos o porque nos gusta sentirnos indispensables en la vida de otros. Jugamos con el tiempo como si nos perteneciera, cuando en realidad son los que nos rodean los que disponen de nuestro tiempo y los que deciden cuál es el camino que debemos transitar cada día.

“Tomar las riendas de nuestra vida” implica hacernos cargo de nuestros logros y de nuestros fracasos, decidir, amar, sufrir, elegir, errar, detenerse, progresar …, transitar el camino que nos permita ser independientes emocionalmente para poder conectarnos profundamente con nuestro ser más profundo y crear lazos afectivos con quienes nos rodean por elección y no por necesidad.

Conectarnos con nuestro interior solo es posible si ponemos toda nuestra energía en desarrollar una autoestima, una autoconfianza y un autoconcepto positivos, definirnos como seres validos, reconocer nuestras limitaciones para trabajar sobre ellas y utilizarlas en favor de nuestras habilidades, alejarnos de los mares de dudas y plantarnos en un mundo de certezas. La certeza de que solo nosotros podemos cambiar el rumbo de nuestra vida, tomando cada intento como un aprendizaje, aún en los momentos en que nos invadan los fracasos.

La “autonomía” emocional solo es posible si nos transformamos en protagonistas de nuestra vida, si nos implicamos en cada acto, si aceptamos los retos y volvemos a intentarlo ante cada fracaso.

Ser libres para optar compartir nuestra vida con otras personas es la esencia de la vida de quienes logran alcanzar la “autonomía emocional”.

Librarnos de las ataduras emocionales implica elegir desde el respeto, la confianza y el amor, con quienes queremos transitar el camino de la vida a la par.

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